Viernes, 10 de junio de 2011
Publicado por GEGM_81 @ 5:21  | Esp?ritu Santo
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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Mi?rcoles 26 de julio de 1989

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Pentecost?s: el don de la filiaci?n divina

1. En la teofan?a de Pentecost?s en Jerusal?n hemos analizado los elementos externos que nos ofrece el texto de los Hechos de los Ap?stoles: ?un ruido como el de una r?faga de viento impetuoso?, ?lenguas como de fuego? sobre aquellos que est?n reunidos en el Cen?culo, y finalmente aquel fen?meno psicol?gico-vocal, gracias al cual entienden lo que dicen los Ap?stoles incluso aquellas personas que hablan ?otras lenguas?. Hemos visto tambi?n que entre todas estas manifestaciones externas lo m?s importante y esencial es la transformaci?n interior de los Ap?stoles. Precisamente en esta transformaci?n se manifiesta la presencia y la acci?n del Esp?ritu-Par?clito, cuya venida Cristo hab?a prometido a los Ap?stoles en el momento de su vuelta al Padre.

La venida del Esp?ritu Santo est? estrechamente vinculada con el misterio pascual, que se realiza en el sacrificio redentor de la cruz y en la resurrecci?n de Cristo, generadora de ?vida nueva?. El d?a de Pentecost?s los Ap?stoles ―por obra del Esp?ritu Santo― se hacen plenamente part?cipes de esta vida, y as? madura en ellos el poder del testimonio que dar?n del Se?or resucitado.

2. S?, el d?a de Pentecost?s el Esp?ritu Santo se manifiesta como Aquel que da la vida; y esto es lo que confesamos en el Credo, cuando proclamamos: ?Dominum et Vivificantem?. Se realiza as? la econom?a de la autocomunicaci?n de Dios, que comienza cuando ?l ?se dona? al hombre, creado a su imagen y semejanza. Este donarse de Dios, que constituye originariamente el misterio de la creaci?n del hombre y de su elevaci?n a la dignidad sobrenatural, despu?s del pecado se proyecta en la historia en virtud de la promesa salv?fica, que se cumple en el misterio de la redenci?n obrada por Cristo, Hombre-Dios, mediante el propio sacrificio. En Pentecost?s unido al misterio pascual de Cristo, el ?donarse de Dios? encuentra su cumplimiento. La teofan?a de Jerusal?n significa el ?nuevo inicio? del donarse de Dios en el Esp?ritu Santo. Los Ap?stoles y todos los presentes en el Cen?culo en compa??a de la Madre de Cristo, Mar?a, aquel d?a fueron los primeros que experimentaron esta nueva ?efusi?n? de la vida divina que en ellos y por medio de ellos, y por tanto en la Iglesia y mediante la Iglesia― se ha abierto a todo hombre. Es universal como la redenci?n.

3. El inicio de la ?vida nueva? se realiza mediante ?el don de la filiaci?n divina?, obtenida para todos por Cristo con la redenci?n, y extendida a todos por obra del Esp?ritu Santo que, en la gracia, rehace y casi ?re-crea? al hombre a semejanza del Hijo unig?nito del Padre. De esta manera el Verbo encarnado renueva nueva y consolida el ?donarse? de Dios, ofreciendo al hombre mediante la obra redentora aquella ?participaci?n en la naturaleza divina?, a la que se refiere la segunda Carta de Pedro (cf. 2 P 1, 4); y tambi?n San Pablo, en la Carta a los Romanos, habla de Jesucristo como de Aquel que ha sido ?constituido Hijo de Dios, con poder, seg?n el Esp?ritu de santidad, por su resurrecci?n de entre los muertos? (1, 4).

El fruto de la resurrecci?n, que realiza la plenitud del poder de Cristo, Hijo de Dios, es por tanto participado a aquellos que se abren a la acci?n de su Esp?ritu como nuevo don de filiaci?n divina. San Juan, en el pr?logo de su Evangelio, tras haber hablado de la Palabra que se hizo carne, dice que ?a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre? (1, 12).

Los dos Ap?stoles, Juan y Pablo, fijan el concepto de la filiaci?n divina como don de la nueva vida al hombre, por obra de Cristo, mediante el Esp?ritu Santo.

Esta filiaci?n es un don que proviene del Padre, como leemos en la primera Carta de Juan: ?Mirad qu? amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ?lo somos! (1 Jn 3, 1). En la Carta a los Romanos, Pablo expone la misma verdad a la luz del plan eterno de Dios: ?Pues a los que de antemano conoci?, tambi?n los predestin? a reproducir la imagen de su Hijo para que fuera ?l el primog?nito entre muchos hermanos? (8, 29). El mismo Ap?stol en la Carta a los Efesios habla de una filiaci?n debida a la adopci?n divina, habi?ndonos predestinado Dios ?a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo? (1, 5).

4. Tambi?n en la Carta a los G?latas, Pablo se refiere al plan eterno concebido por Dios en la profundidad de su vida trinitaria, y realizado en la ?plenitud de los tiempos? con la venida del Hijo en la Encarnaci?n para hacer de nosotros sus hijos adoptivos: ?Envi? Dios a su Hijo, nacido de mujer... para que recibi?ramos la filiaci?n adoptiva? (Ga 4, 4-5). A esta ?misi?n? (missio) del Hijo, seg?n el Ap?stol, en la econom?a trinitaria est? estrechamente ligada la misi?n del Esp?ritu Santo, y de hecho a?ade: ?La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp?ritu de su Hijo que clama: ?Abb?, Padre!? (Ga 4, 6).

Aqu? tocamos el ?t?rmino? del misterio que se expresa en Pentecost?s: el Esp?ritu Santo viene ?a los corazones? como Esp?ritu del Hijo. Precisamente porque el Esp?ritu del Hijo nos permite a nosotros, hombres, gritar a Dios junto con Cristo: ?Abb?, Padre?.

5. En este gritar se expresa el hecho de que no s?lo hemos sido llamados hijos de Dios, ?sino que lo somos? como subraya el Ap?stol Juan en su primera Carta (1 Jn 3, 1). Nosotros ―por causa del don― participamos de verdad en la filiaci?n propia del Hijo de Dios, Jesucristo. Esta es la verdad sobrenatural de nuestra relaci?n con Cristo, la cual puede ser conocida s?lo por quien ?ha conocido al Padre? (cf. 1 Jn 2, 14).

Ese conocimiento es posible solamente en virtud del Esp?ritu Santo por el testimonio que ?l da, desde el interior, al esp?ritu humano, donde est? presente como principio de verdad y de vida. Nos instruye el Ap?stol Pablo: ?El Esp?ritu mismo se une a nuestro esp?ritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, tambi?n herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo? (Rm 8, 14). El Esp?ritu Santo ?sopla? en los corazones de los creyentes como el Esp?ritu del Hijo, estableciendo en el hombre la filiaci?n divina a semejanza de Cristo y en uni?n con Cristo. El Esp?ritu Santo forma desde dentro al esp?ritu humano seg?n el divino ejemplo que es Cristo. As?, mediante el Esp?ritu, el Cristo conocido por las p?ginas del Evangelio se convierte en la ?vida del alma?, y el hombre al pensar, al amar, al juzgar, al actuar, incluso al sentir, est? conformado con Cristo, se hace ?cristiforme?.

7. Esta obra del Esp?ritu Santo tiene su ?nuevo inicio? en el Pentecost?s de Jerusal?n, en el culmen del misterio pascual. Desde entonces Cristo ?est? con nosotros? y obra en nosotros mediante el Esp?ritu Santo, actualizando el plan eterno del Padre, que nos ha predestinado ?para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo? (Ef 1, 5). No nos cansemos nunca de repetir y de meditar esta maravillosa verdad de nuestra fe.


Saludos

Amad?simos hermanos y hermanas:

Me complace saludar ahora a los peregrinos de Espa?a y de Am?rica Latina. De modo particular saludo a los venidos de la di?cesis espa?ola de Le?n; as? como a los grupos parroquiales de Madrid, Sant Boi del Llobregat (Barcelona), Villahermosa de Ciudad Real y a los de la parroquia San Juan Mar?a Vianney de Guatemala. Que vuestra visita a la tumba de San Pedro afiance vuestra fe y os aliente a dar mejor testimonio de vida cristiana en la propia sociedad.

El pr?ximo d?a 19 de agosto tendr? la inmensa dicha de participar en la IV Jornada Mundial de la Juventud que se celebra esta vez en la ciudad de Santiago de Compostela. Numerosos j?venes de todo el mundo se dar?n cita en Santiago para meditar sobre las palabras de Cristo: ?Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida? (Jn 14, 6). A tal efecto grupos de participantes recorrer?n la ruta jacobea, como la hac?an los peregrinos de ?pocas pasadas. Me es grato bendecir y entregar la Cruz que unos j?venes espa?oles desean llevar por los caminos de Espa?a hasta el mismo lugar del Encuentro. ?Que el Se?or y la Virgen del Camino os gu?en y protejan a lo largo de vuestra peregrinaci?n!

A vosotros y a todos los presentes imparto con afecto mi bendici?n apost?lica, que extiendo complacido a vuestras familias.

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Fuente: Vaticano


Tags: Pentecostés, Espíritu Santo, Juan Pablo II

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